Santo Simó
Santo Simó

A Santo Simó sólo le queda el sable

Con la fiesta suspendoda, el único que nos puede remitir a Sant Simó es comer el célebre roscón de cada 28 de octubre en Mataró

El 28 de octubre será Santo Simó pase lo que pase, también este 2020 en que la asociación entre cada día del calendario y su santoral pertinente es del poco que no ha quedado trastocado del todo. Será Santo Simó pero no habrá las fiestas del Aplec homónimo, víctima como todo el ciclo festivo y social de esta maldita pandemia de la Covid-19. En Mataró nos quedamos sin fastos pero a Sant Simó le queda el sable. Sólo le queda el sable.

Si alguien llega leyendo hasta aquí y se piensa que nos hemos equivocado de sección y que qué carai tendrá que ver una arma con la gastronomía, que tome paciencia. Entre en materia, que decían los profesores de antes... Pues manos a la obra. El sable es el tortell que en lugar de cerrarse de forma circumferencial, reproduce la forma de las famosas armas blancas de los piratas y corsaris. ¿Tiene algo, a nivel de gusto o elaboración que lo haga especial el sable de Santo Simó respeto el resto de tortells del mundo mundial? Pues no. Pero mientras por todas partes se tienen que esperar al fin de semana por cruspir-se , en Mataró comemos el 28 de octubre. Y nos empoderamos en la mesa con coartada con nombre de apóstol, que no es poca cosa.

Sant Simó

Sables de Sant Simó


Apología pirata

La idea del sable surgió hace unos 300 años, desde la cofradía de pasteleros de Mataró del momento, los cuales decidieron de hacer un roscón en forma de sable que simbolizas la lucha entre piratas y marineros.

No deja de ser definitorio del mismo origen de la ermita de Sant Simó, erigida en defensa de las invasiones piratas, que el elemento más universal de la pequeña fiesta mataronina sean los sables que pastelerías y panaderías hacen en motivo del 28 de octubre. Porque el sable bien que lo podemos hacer en casa, sí, pero seguramente con elaborarnos nosotros mismos 3 días después los panellets de la Castañada ya habremos cubierto la cuota de atentados dulces del trimestre. El sable mejor encomendarlo. Con tiempo incluso. Incluso haremos bien de procurar que la pastelería, granja u horno de referencia tengan, y así ayudar el comercio de proximidad. Las grandes cadenas no tienen ni idea de un tortell diferente.

El sable de Santo Simó es, además, el dulce más genuino de Mataró

El sable que reproduce el arma de los que Santo Simó quería hacer huir es un tortell que, con el añadido de ser especial, nos aseguraremos que sea del día y, sinceramente, ni que sea por militancia local diremos que es más bono que cualquier otro. Este año no habrá las paradas ante la ermita, donde es tradicional y típico de comprar, motivo de más para prevenir de donde nos proveeremos. Y haremos bien de compartirlo, a los pequeños de casa los encanta, los más grandes es probable que busquen el vino dulce o un sol-y-sombra para digerirlo con más alegría y, además, hay de medidas diferentes por sí queremos incluso alargarle la vida útil un par de comidas allá.

De sables, además, podemos encontrar de diferentes tipos. Acostumbra a estar elaborado con pasta de brioix rellena de mazapán o de cabello d´ángel, por el que también tenemos que conocer los gustos de los comensales para hacer feria con la elección. En el caso del de mazapán, además, siempre podemos entrar en la eterna tertulia sobre la fruta confitada de sobre que polariza la comunidad todavía más que el Proceso, con grandes detractores que la sacan y acòlits defensores que arramben con la que descarta la gente.

El sable de Sant Simó es, además, el dulce más genuino de Mataró. Tanto que hablamos de cuidarnos, a nosotros y al tejido económico de proximidad, tenemos a una semana vista la oportunidad de hacer fiesta, endulzarnos un rato, compartir el tortell y hacer ciudad. Los modernos dirían un 'win win' de manual. Pero básicamente es saber escoger: ¡el día 28, en la mesa, sable!

 

Comentarios (1)

Masriera Hace 1 año
Con lo cara que se ha puesto la pastelería, estoy para comprar el "sable", una invención más para vender. Tengo que comer garbanzos para llegar a final de mes, lo siento por los pasteleros.