bocadillo bacalao

Cugat Comas

Feria de Mataró: 6 comidas típicas, únicos e imprescindibles

El bocadillo de bacalao, la nube de azúcar, las manzanas confitadas, las chufas y tramussos, los trozos de coco o el Montroy

Pentacosta, Segunda Pascua o Pascua Granate es probable que sean nombres con poco predicament a Mataró. En la capital del Maresme, de este fin de semana alargado con su lunes se dice 'la Feria'. A palo seco. El lunes de Feria, el inicio de la Feria. Hay golpes cómo este 2022 que a toda Cataluña nos tienen envidia y también hacen fiesta. Ellos por alguno de los tres nombres de la cosa litúrgica, nosotros nominal y vocacionalmente por la Feria.

La Feria de Mataró son las casetas y atracciones. Son aquellos sonidos, aquel garbuix, aquellos gritos, aquellas carcajadas que nos encantan. Hagamos dentetes solo de pensar. Cómo en todo el que el imaginario colectivo común tiene en aprecio, cada cual es soberano de sus preferencias de una u otra atracción, de ir aquel día o el otro pero también es cierto que hay una serie de costumbres o de hábitos que prácticamente son exclusivos de la Feria, que solo se come o se bebe de forma entusiasta en aquel contexto. Hay 6 de imprescindibles.

  • El bocadillo de bacalao
  • La nube de azúcar
  • La manzana confiatada
  • Chufas y tramussos
  • El coco al rajolí
  • El Montroy

Prácticamente nada del que encontramos a la Feria es único y exclusivo (por más que nos lo parezca) y podemos por ejemplo comer bocadillos de bacalao todo el año o hacernos rebujito del de la Casa de Andalucía en otros contextos. Sí. Pero hay ingredientes o productos que tienen el contexto cómo un elemento indispensable sin el cual no son el mismo. Hay clásicos de la Feria que prácticamente solo se comen o toman allá y que acaban para conferir un aire entre ancestral y pintoresco a encontrarlos siempre y establecer la tradición de comer una vez al año. Cuándo es Feria y para de contar.

Cinco clásicos de la Feria (que solo se toman allá)

Aquel bocadillo de bacalao único de la Feria de Matar

 

El bocadillo de bacalao

Símbolo y objetivo de una auténtica peregrinación gastronómica, el bocadillo más anhelado del calendario es aquel que se inventaron a Can Barbena. Aquel señor bocadillo, de ración generosa de bacalao de Islandia curiosamente desalinizado, servido entre rebanadas firmes de buen pan y con una danza de sabores de color rojo intenso es el motivo por el cual raramente a comer bocadillo de bacalao se va un solo día. Hace de buen repetir. Es sensacional. Todos los ingredientes de un bocadillo que se hace pagar son de primera calidad y requieren de horas de preparación. Cuando lo disfrutas con la cerveseta culmina un pequeño milagro anual.

El Montroy

Un clásico de clásicos, con aquella escenografía campestre y el vino que va brotando. El xato de este vino dulce del país valenciano y el acompañamiento de un tipo de tapa, de pan, embutido y oliva de baja alcurnia pero que te acompaña en la degustación. Las paradas de este vino dulce, con la suya vermellor e intensidad en el gusto, son auténticos puntos de peregrinación a la Feria. Si se hace el paseo, es recomendable atender a cómo van mutando los diferentes actores y actrices de reparto que siempre se reunían alrededor de la parada como los pastorcillos del pesebre hacen hacia lo establecía. El Montroy también lo encontrábamos y encontraremos a los Frankfurts más clásicos, un vino de alegría y ninguno adentro que esconde una peligrosidad intrínseca al vapuleo alcohólico si se hace abuso y no buen uso.

Algodón de azúcar

También conocido como nube de azúcar, casi siempre de color de rosa, es desde hace décadas el gran reclamo infantil en materia gastronómica, aquello que quieren sí o sí los pequeños y que, de hecho, es un tipo de atentado de azúcar que nos dejará los hijos entretenidos primero y adrenalínics después cómo si se hubieran tomado algo más fuerte. Atención al rato que requiere ir esfilagarsant el algodón, cómo sin ser consistente nos podemos llegar a cansar bastante pronto (pobres padres que a menudo se tienen que acabar los de la descendencia) y sobre todo cómo cogido con los dedos nos los puede dejar de un bruto y un enganxifós único.

Chufas y tramussos

La materia delgada de la horchata prácticamente solo toma protagonismo independiente en aquellos gotets de chufas frescas que se venden y que hacían de buen compartir. Rossegant-las, sacas aquellas trazas gustatives especiales y hay práctica unanimidad que, cuando has acabado, concluyes que el mejor es seguirlas destinando a la bebida única del verano. A la misma parada encontraremos tramussos, que es un entretenimiento que nunca sabes muy bien si te gusta o no pero que está demostrado que nunca ha hecho daño en nadie. Y por lo tanto puedes seguir con la tarea.

Manzanas caramelitzades

 

Manzanas caramelitzades

Otro golpe de estado de la sacarosa y las calorías que presumptuosament hay quién denomina en gavatxo: pommes de amour. Parece un xupa-xups gigante de aquellos que lo Stoichkhov lamía a las celebraciones ligueras del Dream Team para honorar a Cruyff. Son manzanas cubiertas de una capa intensa de carmel caramel·litzat por el cual también acostumbras a acabar con los morros embadurnados.

Trozos de coco

No será aquí que digamos que de coco solo se come por la feria, puesto que sacarlo a tabla cualquiera otro día, con aquel ritual suyo de abrirlo a golpes de martillo para mirar si es bueno, con aquel escampall que se hace, es garantía de buen rato. Pero reconoceremos que en ninguna parte tiene el encanto rupestre y único de aquellos trozos dispuestos en fresco con un rajolí constando que lo mantiene. Es verlo y querer. Dice la leyenda negra que los trozos van de una feria a la otro hasta que "salen". Ni caso. Ningún coco como el de la Feria, ni que sea por mítico. Incluso puedes ganar de enteros haciendo puntería al 'echo'.